Desde su más tierna edad, su vida se llenó de sinsabores. Amigos abusones en el colegio, amores desgraciados, malos profesores, experiencias laborales nefastas…Todos estos desengaños le llevaron a una tristeza casi crónica. Tenía el alma dolorida de tanto sufrir y curarla le salía carísimo en psicólogos. Es por todos sabido que la curación de los "dolores del alma" no los cubre el seguro médico.
Decidió hacer caso a las recomendaciones del Dr. Plumkier, el último psiquiatra que le atendía, y emprendió un viaje por África con el fin de distraerse, porque el dolor de su alma era tan intenso que debía alejarse de su rutina habitual.
Hizo una tournée por los países centroafricanos y remontó el río Congo en un barco. Este viaje le permitió conocer a los pigmeos con los que se quedó a vivir durante una larga temporada. En éste tiempo entabló relaciones serias con una aborigen y después de enamorarse locamente decidió casarse con ella.
A su regreso, casado con la pigmea, se divertía comentando que nunca una cosa tan pequeña le había dado un amor tan grande. Fue muy feliz cuando visitó al psiquiatra y le comentó que iba a prescindir de sus servicios porque ya estaba curado. Le dijo, de pasada, que también era importante el ahorro, porque el tratamiento de los dolores de espalda, sí que entraba en la Seguridad Social.
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